Historia

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SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LA PEÑA

La ciudad de Calatayud, toma como patrona a la Virgen de la Peña a la que siempre le rindió culto desde su aparición milagrosa en el siglo XII cuando, tras la conquista de la ciudad en 1120 por el rey Alfonso I El Batallador, una estrella se posaba todas las noches en un mismo punto de un cerro elevado de la ciudad y se escuchaba débilmente como un sonar de campana. Allí la población intrigada escavó y en una gruta apareció una campana y debajo de ella la imagen sedente de la Virgen María con el niño Jesús en su regazo. Se trata de una imagen del siglo X que fue escondida en la invasión musulmana y allí permaneció oculta hasta el momento de su descubrimiento.

 

El Santuario se levanta en un promontorio donde se asentaba uno de los cinco castillos del recinto fortificado islámico de Calatayud. Esta estratégica situación le ha proporcionado participar de una forma muy activa en la historia de nuestra ciudad.

 

De la pronta instauración del culto nos da fe el hecho de que hacia 1180 la parroquia fue elevada al rango de Colegiata con prior y doce frailes de la regla de San Agustín. En 1187 Alfonso II el Casto les ratifica sus propiedades y les nombra al mismo tiempo capellanes reales. De este primitivo templo nada se sabe, es posible que se habilitasen algunas estancias del castillo o que se levantase una iglesia románica.


Se tratase de uno u otro, en 1343 se inician las obras de un nuevo templo en estilo mudéjar. La importancia de los restos mudéjares del Santuario es capital, ya que pertenecen al tipo de “iglesia-fortaleza” de Aragón. Verdadero testimonio de una época de convivencias de razas, religiones e ideales. Con marcado carácter defensivo, constaría de nave única con capillas laterales entre los contrafuertes y cabecera plana de tres capillas de planta cuadrada. Sobre las capillas laterales corría una tribuna abierta al exterior. Estas obras terminaron hacia 1350.

 

Pocos años después, en 1362, durante la guerra de los dos Pedros las bóvedas quedaron arruinadas por la artillería del rey castellano, rehaciéndose en el reinado de Martín I.


En 1629, por bula del Papa Urbano VIII, el cabildo de la colegiata de la Virgen de la Peña es unido al de Santa María. Al quedar el templo sin culto, el Ayuntamiento bilbilitano, de acuerdo con las autoridades eclesiásticas, lo entrega a los Clérigos de San Francisco Caracciolo que se hacen cargo del mismo hasta 1835.


Durante la Guerra de la Independencia las tropas francesas se acuartelaron en este santuario dejándolo dañado de tal forma que fue necesario realizar trabajos de reconstrucción entre 1814 y 1826, periodo al que corresponde la fábrica actual del templo.


La desamortización de 1835, que devastó una gran parte del patrimonio artístico de Calatayud, afectó también a este santuario, quedando temporalmente abandonado. Pocos años después, en 1839, durante la primera guerra Carlista, el edificio volvió a ser utilizado como acuartelamiento militar y tras la guerra, en 1844, aplicándose las medidas de la desamortización, salió en pública subasta. A pesar de las protestas y presiones de sectores de la sociedad bilbilitana, fue comprado por Zacarías Marco quién a su vez lo vendió a la Esclavitud de la Virgen de la Peña, hermandad fundada en 1649 con el fin de mejorar el culto en el Santuario, que a partir de ese momento se encargó a sus expensas de restaurarlo debido a su lamentable estado y mantenerlo hasta la actualidad.


No terminaron aquí las vicisitudes del Santuario, ya que en la noche del 8 al 9 de diciembre de 1933 sufrió un incendio intencionado destruyó la cabecera de la iglesia perdiéndose tanto el retablo mayor como las pinturas murales que re habían realizado un siglo antes y la bella imagen románica de la Virgen sedente con el niño en sus brazos.


Inmediatamente después del incendio comienzan los trabajos de restauración. La casa Font de Madrid es la encargada de la construcción de la réplica del retablo mayor, los hermanos Albareda de Zaragoza son los encargados de realizar la copia de la imagen perdida y un pintor bilbilitano, José María Rubio Vergara será el encargado de realizar la recuperación de las pinturas murales que a modo de trampantojo decoran el presbiterio y sirven de telón de fondo al retablo que alberga el camarín de la Virgen.


La iglesia en su estado actual consta de partes mudéjares de la primitiva fábrica del siglo XIV que conviven con otras clasicistas fundamentalmente de las reformas del XIX. El 4 de julio de 2002 fue declarado Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés.

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